¿Cómo sería nuestro planeta después del hombre? Esta y otras preguntas tan comunes y tan inciertas

Te has preguntado alguna vez: ¿Cómo sería nuestro planeta después del hombre?; 


La ciencia tiene miles de preguntas y curiosidades tan apasionantes que uno jamás podría abarcarlas todas. José Antonio López Guerrero JAL, profesor de Microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, investigador y director del Departamento de Cultura Científica del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, se ha enfrentado a este reto para abordar, con intención divulgativa y de una forma sencilla y directa, algunas de las más interesantes en un libro llamado «Ciencia Exprés» (ELAM Editores). 

Las que siguen son algunas de esas cuestiones, pero en su trabajo hay muchas más igual de fascinantes que se refieren a las últimas investigaciones sobre la aparición de la vida, el comportamiento humano, los misterios del Universo o la diversidad del mundo animal. Empezamos con cómo sería la Tierra si el hombre desapareciera de un plumazo:

Como especie absolutamente voraz, uno podría pensar que al planeta le iría bastante mejor sin las suelas de nuestros zapatos pisando su superficie. López Guerrero echa mano de otro libro, «The World without us» (El mundo sin nosotros), del divulgador científico Alan Weisman, para responder a esta cuestión. Según Weisman, una vez desaparecida la humanidad, las plantas repoblarían las calles de las ciudades en pocos años, pero habría que esperar miles para que la Tierra recuperara su pureza preindustrial y los océanos volvieran a ser completamente saludables, aunque «los niveles de CO2 anteriores al hombre no se recuperarían hasta pasados cientos de miles de años». Eso sí, las especies que hemos domesticado, como vacas, ovejas u otros animales de granja, podrían no ser capaces de adaptarse y también correrían peligro de esfumarse.

¿Existe algún ser inmortal?

Pues sí, explica el autor de «Ciencia Exprés», existe una pequeña medusa de apenas un centímetro de tamaño (Turritopsis nutricula) que es inmortal. En ciertas condiciones de estrés, esta criatura que puede encontrarse en todos los océanos, desde Florida hasta Japón, puede ir en sentido opuesto al reloj biológico, de forma que sus células comienzan a desdiferenciarse y se convierte de nuevo en un pólipo, la estructura juvenil de cualquier medusa. Al parecer, sería capaz de repetir este proceso infinitas veces.



¿Por qué nos besamos?

Los científicos tienen claro que tras un beso hay mucho más que un acto amoroso. Podría ser una prueba bioquímica de idoneidad, la forma de saber si nuestra pareja es compatible con nosotros. Según un estudio realizado con más de mil jóvenes de la Universidad de Albany (EE.UU.), ellos necesitan besar menos antes de pasar a mayores, y cuando lo hacen insisten en meter la lengua para introducir cantidades puntuales de testosterona que aumenten el deseo sexual de la mujer. Al mismo tiempo, producen oxitocina, la hormona que potencia algunas emociones amorosas y de apego. Para ellas, es una forma de obtener información sobre el posible padre de sus hijos.



¿Sobrevivirá la Tierra a la muerte del Sol?

El pronóstico no es muy halagüeño, pero ha habido casos... Para empezar, hay que saber que como le ocurre a cualquier estrella, nuestro Sol acabará perdiendo combustible, lo que ya moribundo, le hará convertirse en una gigante roja. En esa fase, el astro rey podría crecer hasta engullir a Mercurio y Venus. Según publicaron astrónomos en un boletín mensual de la Royal Astronomical Society, la Tierra será achicharrada dentro de unos 1.000 millones de años y, finalmente, acabará en el seno estelar en una trayectoria espiral dentro de 7.590 millones de años.

Pero, según otra investigación publicada en la revista Nature sobre una lejana galaxia, existe un planeta a una distancia parecida a la que se encuentra el nuestro del Sol que sigue orbitando alrededor de su nueva gigante roja. Además, otros científicos creen que la Tierra podría ser expulsada hacia la actual órbita de Marte y sobrevivir a la muerte del Sol, aunque el aumento de temperatura hará que los océanos hiervan y se evaporen, y acabe cualquier forma de vida. Pero claro, a esas alturas de la historia, lo más probable es que la humanidad entera ya haya sido reducida a unos pobres fósiles.

¿Puede hundirse una ciudad por su propio peso?

Habrá que andar con cuidado y saber bien qué hay debajo de los adoquines... José Antonio López Guerrero recurre a la Historia para dar una respuesta. Según estudios arqueológicos recientes, el peso de los fastuosos palacios y templos de Alejandría, incluido el Palacio de Cleopatra, podría haber provocado su hundimiento en el fango y el agua durante el siglo IV a.C. Al parecer, el lodo del Nilo tiene una composición cristalográfica tal que, aunque podría aguantar altas presiones, en determinado momento habría cedido, compactando los cristales, perdiendo el agua contenida en su interior y, en consecuencia, perdiendo volumen y estabilidad. Parte de los edificios podrían haberse venido abajo como un castillo de naipes. Otras ciudades susceptibles de haber sucumbido de la misma forma podrían haber sido Canopo o Heraclion.


¿Podremos mover objetos con la mente?

El Instituto para la rehabilitación de Chicago, en colaboración con la compañía americana Ambient, ha creado una silla de ruedas que puede moverse con el pensamiento. 

El sistema reconoce las señales eléctricas que el cerebro envía a los músculos cuando pensamos en una orden sencilla como «adelante», «atrás» o «para». La única condición es que, de alguna forma, el motor de la silla esté conectado a la laringe del paciente.

Por otro lado, otro equipo estadounidense, este de la Universidad de Duke, en colaboración con los laboratorios ATM de Neurociencia Computacional de Kioto (Japón), ha demostrado la «tecnotelepatía» con una mona Rhesus llamada «Idoya», que fue capaz de hacer andar a un robot a más de 10.000 km de distancia. 

¿Se produjo el Diluvio Universal?

Algunos estudios publicados en la revista Quaternary Science Reviews apuntan que una posible inundación global pudo haberse producido hace unos 8.000 años, probablemente debido al desprendimiento de un inmenso bloque de hielo nórdico que habría provocado una subida de casi un metro y medio del Mediterráneo. 

Esto supuso un aporte de agua dulce descomunal, el mayor de los últimos 100.000 años, que pudo haber provocado que el lago casi cerrado que era el Mar Negro aumentara en más de 72.000 km cuadrados a través del Estrecho del Bósforo. 

Este cataclismo obligó a cientos de miles de personas a abandonar su modo de vida sedentario y desplazarse hacia el occidente y, quizás, contado de generación en generación, pudo haber dado lugar a la famosa historia bíblica del Arca.

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