Un hallazgo puede cambiar la historia de América

La prueba principal son huesos de mastodonte y las herramientas con las que habrían sido faenados, asegura un controversial estudio que publica Nature.



Los automovilistas que circulan veloces por la autopista estatal 54 de San Diego, California, se sorprenderían al saber que hace 130 mil años personas muy parecidas a ellos se habrían detenido allí para faenar un mastodonte.

No sería algo tan poco común en la prehistoria, salvo por la fecha. Ninguna evidencia arqueológica ha mostrado hasta ahora que la presencia humana en el continente, procedente desde Asia a través de un puente natural en el estrecho de Bering, se haya remontado más allá de 20 mil o 30 mil años atrás.

De hecho, el sitio más antiguo conocido hasta ahora que muestra evidencia indirecta de este tipo, Monteverde, está en Chile, cerca de Puerto Montt, y las dataciones más recientes lo sitúan hace unos 18 mil años.

Pero un grupo de paleontólogos y arqueólogos del Museo de Historia Natural de San Diego asegura que tiene pruebas suficientes para cambiar la historia o, mejor dicho, la prehistoria, y la prestigiosa revista Nature ha publicado sus conclusiones luego de años de cuidadosos chequeos de los datos por terceros.

"Las afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias y creo que las tenemos", destacó Thomas Deméré, curador de paleontología del Museo de Historia Natural de San Diego y coautor de la publicación al presentar los resultados en ese recinto.

Según los investigadores, algunos molares y huesos del mastodonte, encontrados en el año 1992 en el sitio del pleistoceno tardío conocido como Cerutti Mastodon, fueron desgarrados y golpeados por manos humanas con la ayuda de herramientas parecidas a martillos y yunques.

Esto, porque tanto los huesos como las herramientas (en realidad, grandes piedras) presentan huellas de impactos que los especialistas aseguran que no pudieron ser ocasionados por eventos geológicos, ya que el sitio no presenta evidencia alguna de disturbios como aluviones o deslizamientos.

Para confirmar su hipótesis, los investigadores hicieron experimentos con colmillos de elefantes africanos. Al principio, fueron muy difíciles de romper, pero con herramientas de piedra lograron producir las mismas fracturas que se ven en el ejemplar de Cerutti Mastodon.

¿Quiénes fueron estos primitivos habitantes de la costa de San Diego? Es difícil saberlo, porque no se encontraron restos humanos asociados.

Richard Fullagar, antropólogo de la Universidad de Wollongong (Australia), otro de los coautores de la investigación, reconoce a "El Mercurio" que es poco probable que fuesen Homo sapiens, ya que para esa fecha algunos creen que hace muy poco habían salido de África. Su apuesta es por representantes más antiguos del género Homo, como los neandertales, el Homo erectus -que probablemente todavía vivía en el este de Asia hace unos 130 mil años-, o incluso los denisovanos, una especie que hasta ahora solo se ha identificado en el ADN, pero no se han encontrado restos físicos.

"También existe la posibilidad de que no hayan sido miembros de especies individuales. Las migraciones pasadas a América bien pudieron ser individuos pertenecientes a una mezcla de estas especies", asegura.

"Si bien el estudio aparece en una revista rigurosa, muchas publicaciones en Nature posteriormente han sido corregidas o se demuestra que hubo un error metodológico", dice Felipe Martínez, profesor de antropología en la Universidad Católica, quien califica el descubrimiento de controversial.

Aunque el aspecto metodológico parece correcto y también el experimental, para el especialista hay dos posibilidades: que se trate de una muestra azarosa de factores que hacen creer que es algo real o efectivamente es real, lo que deja un escenario muy complicado hacia adelante. "Esta propuesta entra en el mecanismo de la ciencia. Habrá que ver si se valida o refuta. Por sí misma es un indicio, pero no establece nada seguro. Si tuviera que apostar, lo más probable es que se refute",

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