¿Qué puede pasar con Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU?

Análisis de Sandra Borda sobre la llegada de ese país como miembro no permanente en este organismo.


Venezuela acaba de ser escogido formalmente para ser un miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas y el debate alrededor de este nombramiento se ha hecho sentir a lo largo y ancho del hemisferio. 

El vecino país fue elegido por consenso como candidato del Grulac (Grupo Latinoamericano en la ONU) y a pesar de la insistencia de Washington, ningún país de la región opuso resistencia.

Esta falta de oposición es un fenómeno en sí mismo muy interesante. Ante la tan repetida polarización política e ideológica por la que atraviesa la región, no deja de ser llamativo que ni siquiera gobiernos de centro-derecha (como los miembros de la Alianza del Pacífico) hayan hecho el más mínimo esfuerzo por bloquear la llegada de Venezuela al Consejo de Seguridad. Washington solicitó abiertamente que Colombia intercediera y todo lo que le siguió a esta petición fue un largo silencio.

Colombia ciertamente no tiene incentivos para entrar en controversia con Venezuela por cuenta de este asunto: el gobierno del presidente Maduro hace parte (como país garante) de la mesa de negociación en La Habana. Además, ya hay suficiente ruido que se intenta acallar en la relación bilateral como para añadirle algo más. El resto de países tienen aún menos razones para emprender una campaña de la que ni el mismo Washington parecía tan convencido. Sin mucho en juego y sin amenazas fuertes provenientes del Norte, todo el mundo optó por dejar pasar el asunto y evitar la confrontación.

Pero, ¿qué puede esperarse de la presencia de Venezuela en este organismo? Geoestratégicamente hablando, creo que el impacto será mínimo. En el Consejo de Seguridad ya Rusia ha hecho un trabajo supremamente eficiente en obstaculizar los intereses de Estados Unidos y neutralizar la capacidad de acción de la ONU en materia de seguridad. En ese contexto, el voto de Venezuela no marcará una diferencia fundamental.

Hay dos espacios, sin embargo, en donde el nuevo estatus de Venezuela como miembro no permanente del Consejo de Seguridad si puede tener efectos. En primer lugar, el Consejo de Seguridad será un megáfono de gran potencia para que el gobierno de Maduro ejercite incesantemente y con más y mejor audiencia su ya tradicional discurso anti-imperialista. Siendo este discurso uno de los distractores más eficientes que emplea el gobierno para orientar a la opinión pública en una dirección distinta a la de sus graves problemas internos, el escenario del Consejo de Seguridad constituye una oportunidad invaluable para profundizar y sistematizar el uso de este discurso.

En segundo lugar, aunque el proyecto de la región siempre ha sido que los países miembros no permanentes intenten representar el interés latinoamericano (proyecto que ha fracasado una y otra vez), la llegada de Venezuela prácticamente asegura que este no va a ser el caso durante los próximos dos años. La región sigue sin poder constituir un bloque eficiente a la hora de adoptar posiciones en temas cruciales de la agenda internacional y por lo pronto, con Venezuela como miembro no permanente, la cosa no va a mejorar.

Finalmente, la moraleja de toda esta historia es simplemente que los puestos en el Consejo de Seguridad no son premios que se otorguen a países con buen comportamiento en el escenario global. Cuando Colombia llegó a ese lugar, el gobierno Santos argumentó que nuestra presencia en el Consejo de Seguridad era un reconocimiento a lo mucho que había avanzado el país en diversos campos.

Pues bien, la elección de Venezuela demuestra que la calidad del régimen democrático, el respeto a los derechos humanos (especialmente los de la oposición), la estabilidad institucional, los sistemas de pesos y contrapesos y muchas otras cosas más no son requisitos para ocupar ese puesto. De hecho, no hay requisitos implícitos para ser miembro no permanente de este organismo y la lógica es una que pasa más por la rotación geográfica y el 'darle el chancesito' a todos que por un sistema meritocrático.

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